Abundan en este lado de la mirada el ojo que espía un suspiro escapándose del canto de una ballena. Ya no se refleja en el espejo la nocturna especie depredándose ella misma con animadversión de escuela militar.
Facilita escoger una misma el color que guarda esa relación de estropeo que a veces se hace cotidiana. Para cuando el párpado caiga de su arruga estaré observando de lejos la gana de vagabundear profundamente en un pozo del desierto.