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  • Deconstruyendo el Ángel Azul

    UN mito es inmutable. Todo está descrito como que así tiene que ser. Un hombre correcto en el espacio correcto, moldeando la cordura de lo que debe ser un hombre. Da clases, podría leerse, enseña? Y el tiempo tan preciso como implacable. Una mujer descubre un velo, de la inocencia? Es perversa? Es ella la mala y él, el bueno desde un sentido moral?
    Hay mucho por deconstruir, seguro. Una película interesante, mucho más para la mirada masculina. Un cuerpo fetiche, unas piernas y una voz. Un contexto político y unas mujeres que manifiestan el respeto de su condición.
    En la película, como fuerza natural, el instinto vaga en la condición del profesor, arrastrado a lo ineludible.
    Un claroscuro fija todos los elementos en un abarrotado sinfin de objetos amontonados en un cabaret, caóticos desde una lógica de orden que requiere desbordar los sentidos, no las percepcione. En un lugar y espacio en donde el brillo es la voz de ella (Marlene Dietrich), su fluida destreza en el manejo de la situación de todo su entorno. La luz artificial del cabaret, nunca una luz natural. Un espacio estrecho en el que conviven demasiadas personas. No hay belleza pero hay pundonor, y sobresale el encantamiento. No es una historia, talvez una lección y al mismo tiempo, la misoginia manifestando la posibilidad de recreación de la mirada desde un readecuado modelo de mujer, por supuesto encantadora aunque sea perversa. Una paranoia social que se resuelve con la seducción de ella, no hablamos de cualquiera, sino de ella, que llega a ser endiosada como el referente que remite a una cotidianidad que aniquila el tiempo exacto, pero que construye el tiempo inexistente.
    Si las mujeres van desatando los nudos de su esclavitud y descifrando los laberintos de su reclusión, para los hombres era necesario inventar nuevos juegos y nuevos ideales de mujer. Es perfecto. El cine, está descubriéndose en los años treinta como un poder estético y político en el juego de las relaciones de dominio. Esta película no es abstracta ni social, pero es morbosamente trágica.
    Freud estaba vigente y los mitos latentes. Sólo había que adecuarlo.
    Finalmente el profesor regresa a su hogar, al lugar que le correspondía según su función social, pero su castigo ya estaba dado. Camina en una noche de invierno, tratando de alargar su agonía, vuelve a su aula de maestro. Una luz desde fuera de él le ilumina en un espacio oscuro, como a un ángel caído.
    Ella en cambio, seguirá inmutable.

  • El arte de mirar

    No habíamos dejado nada para mañana. Por tanto, nada esperabámos. Una lámpara daba la sensación. Escribía en la mirada del otro esa pregunta tan necia. Naturalmente, se dibujaban sombras muy quietas, aunque parecieran con vida, la luminosidad estaba fugándose por un instersticio de la cordialidad. Es así no más, un palpitar que suena despacio, muy bajo y a los sentidos les hace lo que le haría cualquier sensación, sólo que un poco más profundo, lacerando suavemente.
    Cuerpos amarillos, tal vez verdes o quizá muertos. La lámpara y la voz. Sentados en el sofá, con las cortinas pesadas. No había más. Ni recuerdos. Habíamos mirado, ni siquiera nos reímos, tambpoco lloramos. Las sombras estaban más reales, fuertes. Todo estaba dicho, pero quedaba esa pregunta, la necia estabilidad que no ha dejado nada para mañana.

  • La locura del amor

    El pulular de los latidos emociona el alma. El enamoramiento desarma cualquier dosis de cordura. Es alegría y locura. No queda un resquicio del pensamiento para ocuparnos en densidades reflexivas, está simplemente ahí, divagando y a ratos atosigando la memoria con la presencia cargada de los olores que respiras. Oh, es dulce y me revuelca en marea incontrolable. Entonces ya nada más interesa, la función de la sangre se vuelve libre, circulando como un río o como la lava de un volcán, refresca y quema al mismo tiempo. Sólo escucho las palabras en un tiempo que me envuelve con su efervescencia teñida de sensaciones vitales.
    La poesía está danzando con sus palabras estiando en medo de una lluvia que no cesa. Te busco en el aroma de la mañana o en el oscuro transito de mis noches. No hay nada que hacer, es la locura del amor.

  • el ojo del huracán

    Me había mirado en el oblícuo espejo de conspiración. Anochecía como cuando no se inventaba el lastre romántico de la luna. Se derramaba la esquina en silencios caminados por siglos, no arrastraba el crepúsculo ornamento del horario. En una calle, el huracán miraba con su poderoso ojo tartamudo la danza del reloj. Hojas volaban en un cúmulo de divagaciones rectilíneas oscureciendo la confianza del ordenador. Entre la partitura perfecta de la música escrita con parsimoniosa lentitud, avanzaba hacía ese voraz descubrimiento de la sensación. Un reflejo veloz como lanza espacial se avecinaba con su pulular precisión de la sonrisa. Una multitud no avizoraba que mi especial atención había de desarmar la lúcidez de la palabra.

  • Sol de invierno

    Un día de sol. Invierno en Buenos Aires. La gripa hace su aparición. Fotografía en el Palacio de Cristal. Arquetipos dibujándose en la nada. Una historia estrenando debut. La noche es lúcida. Aguafuerte me agarra la idea. Si, escribir es renovador. Un sueño con dragón rojo. Su cuerpo de toros negros gordos. Buen augurio? o lo que quiere mi lectura de la vida que así sea. Suscripción de agujeros negros. La luna no hace nada, ya lo sabemos, es la bruja tutu. Jaspeados en sepia. Me sostengo. Al fin sin vómito de estrellas. recivo misivas. Un conde sangriento, una amor furtivo, una amiga, los hijos con necesidad de su madre y los amigos tratando de hacerme feliz. Se puede pedir más?

  • La feria de carnaval

    En espacios creados para este fin, se montaron las cruces que llevaban los ríos. Es un recuerdo tonto, o más bien, fuera de tiempo. No sé por qué he recordado Las Cruces sobre el agua (libro ecuatoriano sobre un hecho histórico que narra que militares arrojaron sobre el río Guayas cientos de cádaveres).
    No, es sobre esto de lo que quería hablar conmigo misma. Son otras cosas, tal vez exista alguna relación en una parte de mi memoria que se guarda como código de algo que me quiere decir alguna cosa.
    He leído las cartas a Milena de Kafka (lo cual no tiene ninguna relación con lo anterior), y pese a que muchas personas digan que ya está pasado de moda, me ha gustado muchísimo, descubrir una subjetividad que no se encuentra en sus obras. Para mí sigue siendo actual. Fue alguien que trataba de encontrar un sentido de la vida, en medio de la incertidumbre de existir...Bueno, ya está bien.
    Esta tarde viajaré en autobús, ninguna novedad

  • Tirando de las ojeras

    Una mala noche, es una noche que se burla de las ganas de no saber nada de las personas que queremos olvidar el cotidiano espesor de voces.
    Ni un buen libro nos anima a desfallecer en el intento por dormir. Seremos la sociedad de los y las insomnes? Sin embargo, cada vez, ahorramos las horas de sueño. Hay tanto por saber y poco por aprender y ahí nos enterramos como raíces que no quieren florecer.
    establecer la paridad de unos ojos que ven y no miran con las ojeras tirando las mañanas que nos falta por vivir.

  • La animación del ojo de la ballena

    Abundan en este lado de la mirada el ojo que espía un suspiro escapándose del canto de una ballena. Ya no se refleja en el espejo la nocturna especie depredándose ella misma con animadversión de escuela militar.
    Facilita escoger una misma el color que guarda esa relación de estropeo que a veces se hace cotidiana. Para cuando el párpado caiga de su arruga estaré observando de lejos la gana de vagabundear profundamente en un pozo del desierto.

  • Ann Sexton, al final siempre es lo mismo...

    La poesía de Ann Sexton, tiene ese aire de mujer que ha profundizado unas cicatrices de siglos. Al igual que su amiga Silvia Plath, fue capaz de develar su alma. Y la sensibilidad no inventa el amor, ahonda las sensaciones que los sentidos no pueden esconder de la conciencia. Cuando leo sus poemas, como "Yo he sido una de Esas", "El Asesino" o "La Balada de la Masturbadora Solitaria", encuentro de manera distinta siempre el mismo sentimiento, que es a la vez encuentro, comunicación. Las sábanas o los biberones, los jóvenes que se aman, o los recuerdos de su padre o madre, están siempre presentes, como un signo de estar y no ser reconocida.
    A Ann Sexton, le dijeron que escribir la liberaría de su crisis post-parto, quizá nunca lo hiciera, pero si la liberó de esa esclavitud que es no decir lo que se siente.

  • olvido furtivo

    No entiendo que ha pasado, me parece haber escrito en los últimos tiempos muchas cosas, sin embargo, la memoria impresa me aturde con la novedad de que no hay nada. Seguramente el despiste se da porque la somnolencia de tiempos festivos juega perversamente con la lúcidez de un vida a toda prisa.

    Pensaba en el planeta, no en el mundo, en la vida que se construye con cada partícula de microcosmos que va aniquilando siniestramente ese poder humano y su capacidad de explotación. Ya no quedad muchos seres vivos que van siendo suplantados por una infinita variedad de elementos hechos a base de tecnología y de súper inteligencia macabra. Y esto no incluye la tendencia a sobrepoblarnos de congéneres en un espacio que se reduce con la respiración que emite el llanto de las ballenas.

    Espiralados en un huracán de estrellas, la gravedad está en la ceguera que nos conduce a un inevitable estado de estúpidez patológica cultvada en la sesera de un ser que se llama a sí mismo superios, y esto con el consentimiento del progreso.

    Cada vez que miro el mar ésta sensación de la gravidez con la que las cosas se reciclan en el oscuro devenir de la historia me produce el sentimiento de cuidar la más sencillo que encuentro en mi diario cotidiano.

    Por otro lado, la alegría de la quietud del silencio me tienta a sobrellevar en el corazón la necesidad de compartir cada espacio del pensamiento con la humanidad. Quisiera el mundo distinto, pero la realidad me conduce a mirar el curso de la historia a un camino que tiene dos alternativas o nos quedamos como estamos o nos morimos con el resto de seres en este pequeño reducto llamado humanidad.

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